Desde Guatemala, el drama de quienes superaron el covid-19 en casa

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El año 2020, en Guatemala inició como cualquier otro, se escuchaba a mediados de febrero que en China y Europa, la gente estaba muriendo de una enfermedad llamada covid19, pero en este país centroamericano todos seguían con sus rutinas laborales, estudiantiles y agrícolas.  

Por Diana Fuentes

El Tablón, Sololá, Guatemala.

La mayoría veían las noticias sobre lo que pasaba al otro lado del mundo: gente con mascarillas o trajes blancos desinfectando ciudades enteras, parecía algo extremo y jamás imaginaron que esto pasaría en Centroamérica, como muchas otras cosas que nunca llegan a países en desarrollo como Guatemala.  

Nadie sabía que a nivel global era el inicio de un cambio radical en sus vidas que estaría marcado por heridas profundas de mucho dolor, desesperanza, ansiedad, tristeza, traumas y desolación; pero, que también existiría el amor y mucha resistencia. 

Los Guatemaltecos el 13 de marzo en una conferencia de prensa escucharon a su presidente, Alejandro Giammattei, confirmando un caso de coronavirus, una semana después se registraron 20 casos y un fallecido

Un sistema precario

Según el informe Usac Frente al Coronavirus y la Dirección General de Investigación de la Universidad de San Carlos de Guatemala, “en los últimos 40 años no se invirtió en el sistema de salud, encontramos un sistema de salud colapsado, con 0.6 camas por cada 1000 habitantes, (…) es decir ni siquiera una cama (Gobierno de Guatemala, 2020) 42, tomó la decisión de habilitar y construir hospitales temporales para atender las necesidades de la pandemia. Entre estos se encuentra el hospital temporal del Parque de la Industria (presupuesto Q107.3 millones)”.

Hospital que dio atención a los pacientes infectados y funcionó como Centro de Cuarentena, según una nota publicada el 11 de junio de 2020, por diario oficial.

Luego de tres meses de estar habilitado el hospital, el saldo de recuperados de covid era 900 pacientes, en  agosto del 2021 el centro de salud temporal dio una conferencia de prensa indicando que desde marzo del 2020 a agosto del 2021, los casos atendidos en total ascendía a 18,203, fallecidos 1,358, casos hospitalizados 7,097, recuperados 5,234.

En la mayoría de los hospitales temporales no se ejecutó el 100 por ciento del presupuesto asignado hasta la fecha según la nota de Prensa Libre.

Poca preparación

El Laboratorio Nacional de Salud, contaba con poco  personal previo a la pandemia y tuvieron poco tiempo para prepararse ante lo que se venía, no tenían idea del caos que vivirían, cuenta Selene González, coordinadora de la Unidad Central de  Referencia para la Vigilancia Epidemiológica del Laboratorio Nacional de Salud. 

“Era demasiado estrés, queríamos responder con la población y con la presión interna o externa de poder cumplir, aprovechamos por la noche para hablar y desahogarnos de todo el estrés”, dice. 

Por su parte, la analista del área de virología, Gabriela García, señala: “Yo no sentí el cambio del confinamiento porque para nosotros todo fue trabajo teníamos que atender otras enfermedades y también covid19, estuvimos encerrados en el laboratorio día a día”.

El 2020 y 2021 fue sumamente difícil para el personal del único Laboratorio Nacional de Salud. El equipo tenía la capacidad de realizar  250 pruebas al día con una respuesta de 6 días pero durante el 2020, empezaron a dar resultados en menos de 24 horas y entregaban  1,800 muestras diarias.

Iniciaron con seis mujeres trabajando previo a la pandemia en la actualidad cuentan con 35 personas y ahora tienen nuevo equipo más especializado para realizar su trabajo.

El recuerdo de los días difíciles    

Mientras se abrían hospitales temporales en ciudad de Guatemala, en el interior del país la inauguración de estos espacios llegó tres meses más tarde.

En las comunidades se vivía algo diferente y, en algunos casos, aterrador, las autoridades locales y pobladores empezaron a tomar sus propias medidas para contener la pandemia, el toque de queda y otras medidas extremas de militarización a nivel nacional no faltaron, muchos dicen que recuerdan con demasiado terror lo vivido y sienten que apenas fue ayer. 

Las historias sobre cómo los guatemaltecos han sufrido la pandemia y el trauma de ver morir a sus familiares o amigos cada día están ahí. 

Nadie se salvó de tener esta terrible enfermedad, para algunos nunca fue una opción ir al hospital. Personas de diferentes lugares, urbanos o comunidades indígenas alejadas decidieron que era preferible atender el virus en casa. 

Los rostros de la pandemia en Guatemala

Rómulo Soto, originario de Mixo, población a una hora de la capital de Guatemala, cuenta: un domingo en la noche tipo once y media sucedió algo bastante curioso; uno de los vecinos había fallecido y fue bastante duro escuchar los gritos de la familia, como lloraban por el señor que había muerto, que era el padre de una de estas personas y no tuvieron asistencia médica y no se sabe qué tan grave estaba el señor .

Fuente: COPRECOVID. Actualizado 26/12/2020

Algunos sienten alivio al contar sus experiencias, luego de sufrir censura y discriminación por tomar la difícil decisión al inicio o durante toda la pandemia de cuidar a sus enfermos de covid-19 en casa.

Al occidente del país, a 3 horas de camino de la capital, en la aldea de El Tablón, Sololá, Guatemala, Antonio Cosiguá, de 46 años y trabajador del único hospital local, resalta:  fue bastante difícil la información que nos dieron yo estaba en el hospital presente cuando salió el primer caso positivo y estuvimos trabajando cerca de la persona.

Antonio Cosigua, habitante de El Tablón, Sololá, Guatemala.

Explica que se ha hecho más de cinco pruebas y todas salen negativas. En algún momento tuvo síntomas leves, pero logró superarlo; sin embargo, su suegra, hijo y esposa no tuvieron la misma suerte. Uno de ellos perdió la vida. 

Su esposa Pabla Julajuj cuenta cómo vio a su madre Julia Tuy, de 64 años, sufrir en casa durante dos semanas: mi mamá falleció por covid estaba en la ambulancia con ella, fue muy traumático murió enfrente de mí

Y asimismo agrega:  Yo le decía a mi esposo, velemos a mi mamá en la casa, pero él me decía no se puede. Me volví loca, lloraba. Solo fuimos a entregar el cuerpo de mi madre al hospital y de ahí al cementerio, no esperaba esa enfermedad, nos atacó fuerte”. 

Los otros males 

Ella explica que su madre tuvo mucha tos, no podía respirar y, además, tenía diabetes. 

El encierro le generó una gran depresión por las medidas drásticas en su cambio de vida, algo que, según su hija, fue el detonante de su muerte el  26 de enero del 2021. 

Pabla enfermó gravemente días después tras tener contacto con su madre. Su esposo decidió que pasara la enfermedad en casa porque los hospitales estaban colapsados: no había camas ni medicamentos.

Antonio y su esposa Pabla. Foto: Diana Fuentes.

Altos miembros del Gobierno nacional determinaron que uno de los mayores  problemas de la falta de medicina era por la mala gestión en la distribución  del medicamento.

Por esta razón, Antonio cuidó a Pabla en casa: la hidrataba, nebulizaba y aplicaba todos los medicamentos que indicaba el Ministerio de Salud.

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Para los cosigua también fue fundamental utilizar los remedios caseros como la cebolla morada, ajo, canela, miel, eucalipto, jengibre, limón y clavo también el uso del temascal, que es un baño tradicional de las comunidades indígenas, donde calientan agua en un olla sobre piedras hirviendo en un cuarto hecho de adobe, parecido a un sauna.   

El tercer positivo de la familia fue su hijo mayor José Cosigua Tuy, de 23 años, quien trabaja de repartidor de jugos para una empresa privada. 

Él estuvo cerca de la frontera con México. Al llegar a la casa de sus padres, tenía altas fiebres, por lo que decidieron llevarlo al Centro Hospitalario,  donde les dijeron que no tenían  pruebas ni  espacio para atenderlo.

La principal opción fue llevarlo a casa, donde habilitaron un cuarto para él.  Pasé la primera experiencia con mi mamá y cuando le dio a mi hijo me animaba acercarme a él y apoyarlo en todo”, señala Pabla. 

Una carrera contra la muerte 

José se quedó inmovil, con fuertes ataques de tos y sin poder respirar, buscaron ayuda con un médico, quien les aconsejó que lo cuidaran en casa. 

Estuvo con oxígeno 20 días, cada tres días iban a realizarle pruebas de laboratorio que revelaba que su sangre se estaba coagulando y que era posible que falleciera. 

Antonio, su padre, entró en una gran frustración, pero el médico le dio una esperanza, le habló del costoso medicamento llamado Actemra de 6 mil seiscientos quetzales cada ampolla (aproximadamente $900.00 dólares) que lo vendían en México. 

Nosotros estábamos decididos a salvar la vida de José, el medicamento viene de la frontera, cuando me dijeron que el medicamento se retrasaba, no podía aceptarlo porque mi hijo estaba muriendo”, cuenta Antonio.

Esta noticia sentenciaba la muerte de José, su padre no podía llegar a la casa sin la medicina, se quedó llorando al lado de una iglesia sobre su moto, pero no estaba dispuesto a rendirse. 

Llamó al médico y le suplicó que por alguna vía pudieran acceder rápidamente al medicamento, esto le costaría 800.00 quetzales ($110.00 dólares) más porque un carro llegaría en 2 horas única y exclusivamente a dejarles la medicina. 

Por la demanda y la falta de acceso a este medicamento en Guatemala, llegó a costar  20 mil quetzales aprox ($2500 dólares) además de estar escasa la mayoría de guatemaltecos acudían a México para conseguirla por un  precio un poco más accesible. 

La familia pasó las dos horas más largas de su vida, fueron momentos cruciales porque su hijo les decía ya no aguanto más”. 

José se despidió de todos dentro de la habitación,  nunca lo dejaron solo, todo el tiempo lo cuidaron al máximo. Para la familia el gasto ascendía día con día, así que tuvieron que vender un pequeño terreno que tenían para lograr cubrir todos los gastos.

La sabiduría, paciencia y amor de sus padres hizo que José se salvar de esta terrible enfermedad, aunque su recuperación fue lenta, aún tiene calambres constantemente al caminar y debilidad en el cuerpo.

La verdad hemos visto que van al hospital y llegan a morir, no lo llevamos créame si yo lo hubiera llevado él no estuviera vivo, dice Antonio.

Las protestas 

El servicio de salud previo a la pandemia estaba mal y con la crisis sanitaria de la  covid-19, colapsó totalmente. Los médicos salieron a las calles para exigir insumos y presupuesto  en varias ocasiones, durante el año 2021 hubo un estallido social, en el que toda la gente reclamaba sobre las malas condiciones y manejo de las autoridades para contener la enfermedad. 

El congreso fue incendiado por los manifestantes, durante las marchas hubo 37 detenidos y una decena de heridos, los gases lacrimógenos duraron 8 horas en la ciudad capital.  En el interior del país también salieron a las calles, detuvieron todo el transporte privado.

Según el informe Usac Frente al Coronavirus y la Dirección General de Investigación de la Universidad de San Carlos de Guatemala, detalla que sobre la situación del covid-19, el mal manejo de la situación para abastecer a la población dentro los hospitales temporales, fue uno de los varios detonantes de los disturbios.

Fuente: DIGI informe del 2020

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Los estragos del virus 

En el tablón, Sololá, la enfermedad arrasaba con las personas en los hogares, pues muchos decidieron hacer lo mismo que Antonio y Pabla, según la familia al principio y durante  varias olas murieron aproximadamente 30 personas en su caserío. 

Incluso ellos iban a inyectar a los enfermos, intentaban apoyar incondicionalmente por su experiencia sabían como tratar a los pacientes de covid-19, y quienes en algún momento los rechazaron ahora buscaban su ayuda.

Al 13 de noviembre de 2021, el Registro Nacional de las Personas (RENAP) registraba ya 105,317 muertes por cualquier causa en Guatemala durante ese año. Un dato sin precedente para un país que históricamente no supera las 100 mil defunciones anuales. El promedio 2015-2019 es de 83,787 defunciones anuales.

Antonio y Pabla se arriesgaron por amor a su hijo, incluso a su comunidad. Durante mucho tiempo por miedo a la muerte la gente dejaba a su suerte algún miembro de la familia enfermo del covid-19.

Para la familia Cosiguá fue difícil. La depresión apareció en sus vidas. Durante varias cuarentenas se quedaron sin comida y sus hijos lloraban de hambre, un hermano les llevó comida y así sobrevivir al encierro. Durante la entrevista las lágrimas recorrían su rostro,  pero a la vez se sentía la paz que tenían porque lucharon hasta el cansancio por su familia. 

Casa de la familia Cosigua. Foto: Diana Fuentes.

Las vacunas 

Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno se abastece de vacunas a través de donaciones y el 11 de marzo recibió su primera donación con el mecanismo COVAX. 

Otros países como Israel, Estados Unidos, México donaron vacunas al país. Antonio y Paula, al llegar las jornadas de vacunación, un año después de iniciada la pandemia, se inyectaron, siendo los primeros en su caserío. 

El Ministerio de Relaciones Exteriores (MINEX) gestionó más vacunas con Japón, Austria, Qatar, Canadá, España, y de varios países de la Unión Europea. Hasta el 17 de junio de 2022, el país contaba con  4 millones 855 mil vacunas donadas.  

No fue hasta el viernes 23 de julio del 2021 que el congreso de la república avaló el Decreto 1-2021, Ley para el Financiamiento y Adquisición de Vacunas Contra el Coronavirus Covid-19, según el portal informativo del Congreso de la República de Guatemala.

La primera compra de vacunas llegó el 19 de noviembre del 2021. Guatemala recibió  1 millón 350 de dosis de la vacuna Pfizer contra la covid-19 para continuar con el plan de vacunación para inmunizar a los guatemaltecos. 

“Estas dosis fueron compradas por el Gobierno de Guatemala a través del mecanismo COVAX, iniciativa global para el acceso equitativo a las vacunas contra la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2”, según reseña el portal de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

La bodega de datos en su registro comparte que a la fecha se han vacunado de la primera dosis el 51% de la población total y de la segunda dosis 40% hasta el momento se reportan 19,698 fallecidos, desde el inicio de la pandemia. 

En una investigación que realizo El Periodico publicada el 3 de mayo del 2022,  revelaba que existían  En los cuartos fríos del Centro Nacional de Biológicos (CNB) del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) permanecen almacenadas 6 millones 893 mil 992 dosis vencidas de la vacuna contra el COVID-19”.

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